Durante los juicios por los crímenes cometidos durante las guerras mundiales, un psicólogo apellidado Milgram se preguntó hasta dónde podía llegar en una persona el cumplimiento de las órdenes a través de la obediencia.
Fue así que el norteamericano comenzó una investigación. Lo que más sorprendió a los psicólogos, psiquiatras y sociólogos fue el experimento extremista llevado por Milgram, pues éste constó en lo siguiente:
Dos personas cumplirían el rol de maestro y alumno, pero éstas ya estaban pactadas con el investigador. Si el alumno desacertaba en las pruebas, recibiría un castigo basado en una descarga eléctrica, la cual aumentaría en su intensidad si volvía a repetirse la equivocación hasta 450 voltios, cuyo impacto sería devastador en cualquier organismo.
Se pagó una mínima cantidad a quienes fueron voluntarios, sin embargo estas personas accedieron mediante un engaño, pues ellas creían que participarían en una investigación relacionada con la memoria y el aprendizaje.
Para cada prueba únicamente se precisaba de dos voluntarios, uno observaba la situación y el otro, activaba el supuesto botón del castigo eléctrico. Lo que estas personas no sabían era que el padecimiento de la víctima era una simple actuación, ya que nunca recibiría una sanción tal.
Los resultados fueron impresionantes. El 62,5% del total de participantes obedeció hasta alcanzar el máximo, aún cuando en el nivel 300 el alumno ya no mostrara signos vitales.

Hubo varias explicaciones complementarias. Desde que somos pequeños a uno le enseñan que hay que respetar y obedecer a los mayores, pero también que no hay que causar daño a los demás. Ambas enseñanzas se ponen en batalla ante situaciones límite.
También juega un rol importante el hecho de que los participantes hayan aceptado voluntariamente la situación, pues eso reconoce de forma inconsciente la autoridad del otro. El ambiente, que en este caso era una imponente universidad, también es sumamente decisivo.
La postura tomada por el segundo participante sumaba un gran peso en la actitud del que presionaba el botón. Si estaba de acuerdo con el maestro, la obediencia aumentaba; pero si se negaba, la obediencia decaía precipitadamente.
Un fenómeno interesante que se daba lugar en algunos participantes, era que llegaban a creer que el alumno merecía el correctivo. De este modo, la víctima se convertía en culpable.
Para demostrar que no sólo en esta clase de situaciones extremas la obediencia crucial, hicieron una prueba más en una exposición.
Las baldosas eran blancas y negras, y estaban ubicadas de forma alternada. Colocaron un cartel que indicaba lo siguiente:
“Caminar únicamente sobre las baldosas negras para cruzar al otro lado”
Sin ningún otro tipo de explicación, el 90% de la gente que acudió a la muestra fue obediente y cumplió con el mandato.
Todo esto demuestra, sin ninguna duda, que la crianza y el entorno social son potenciales en la conciencia humana.
¿Será que verdaderamente somos completamente libres de acción? Quiero creer que sí, aunque no podamos predecir cómo actuaremos en momentos sin mayor trascendencia, como la orden de las baldosas, o en la toma de decisiones tan importante como las torturas practicadas por los nazis.